martes, 30 de abril de 2013

Carpe Diem, la verdadera historia


 

Horacio era un tipo acojonante. Filósofo y poeta, no tuvo problema en alistarse como soldado del lado republicano en aquella Roma confusa de los años cercanos al cero para luchar por sus ideales. Es fascinante ver cómo, a pesar de que 2000 años han pasado, la vida es tan repetitiva. Leer a "Horatius" es tan actual como leer a "Sánchez Dragó" por poner un mal ejemplo.
El caso es que Horacio tuvo una vida y una obra fascinante, pero su mayor éxito comercial fue escribir cerca del final de un párrafo de la oda a su "deseada Leuconoe" dos palabras: "Carpe diem"
Lo mas gracioso, o curioso, o interrogante es que todo el mundo interpreta estas dos palabras como: "a follar que son dos dias". Así que voy a desenterrar parcialmente el mito.
CARPE DIEM
Acercándose a la crisis de los 40, y con la vida resuelta, Horacio fué a vivir a un chalecito a las afueras de la estresante Roma, en concreto en las “montañas sabinas” al noreste de la ciudad. Casualidades de la vida, una de las terrazas de la casa daba a un camino que conducía a una fuente cercana. Por allí transitaba mucha gente guapa, gente que pertenecía a una élite capaz de vivir en aquel conjunto residencial retirado del mundanal ruido. Y entre toda esa gente guapa, Horacio sólo tenía ojos para la más guapa: Leticia Sabrina Batiato.
Leticia era una buena conversadora, amante tanto de las fiestas como de la paz de la montaña, estudiosa del arte griego y pintora ocasional. Y extremadamente bella. Horacio la adoraba. Adoraba mirarla y conversar con ella a la vez. Adoraba lo bien que respondía a su irónico y aún sin inventar "humor inglés". Y así decidió ponerla un mote, que la simpática Leticia aceptó con gracia: "Leuconoe".
Leuconoe significa "blanca de conocimientos", algo así como "mente pura" , o "adorable tontita". A la buena de Leticia le gustaba el sobrenombre , porque para ella era un Honor que el "famoso Horacio" la tratase con la suficiente confianza como para asignarle un apodo. Dos mil años después, el propio Walt Disney tras leer a Horacio decidió poner a uno de sus personajes el mismo mote. Pero un error de traducción y/o de imprenta y/o de dislexia hizo leer al majete de Disney "Leuco(blanco) Snoe" como "Leuco(blanco) Snow", es decir: Snow White o Blanca Nieves. Anecdótico eh?. Volvamos a Horatius.
Horacio y Leuconoe solían pasear juntos a veces hasta la fuente, a veces hasta un pinar cercano, a veces en carro hasta el restaurante de su primo Léntulo Flaco. Y siempre charlaban. Leuconoe había estado enamorada de un centurión romano de nombre Flavio. Y no terminaba de recuperarse de la ruptura. No entendía cómo Flavio podía haber decidido terminar una relación que otrora se juraron eterna. Como buen sagitario (8 dic,) Horacio estaba dispuesto a soportar todo el proceso de desintoxicación amorosa de Leuconoe, y la aconsejaba y a veces hasta discutía con ella para que se centrase de nuevo en sí misma y en sus capacidades como mujer.
Un día de verano, Leuconoe y Horacio habían terminado de cenar en casa de éste. Disfrutaban de la velada en la terraza en la que tantas veces Horacio contempló pasear a su espectacular musa. Leuconoe seguía con su rollo "depre". Y Horacio, decidió lanzarle un afilado consejo:
"Sapias, vina liques et spatio brevi spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida aetas: carpe diem, quam minimum credula postero".
Que traducido dice así:
No seas tonta! (Literal: Sé sabia), sírvete otra copa, anda, que el tiempo es corto, así que elimina, olvídate de tus planes y esperanzas a largo plazo. Mira, mientras hablamos huye llena de celos y envidia nuestra edad (qué bonita frase, eh?). Disfruta, cosecha este día (Carpe diem), cuanto menos confiada en lo que te traerá el mañana...
P.D.
Disfrutad, cosechad el día amigos, mañana.. ¿quién sabe qué pasará mañana?..
 ·

No hay comentarios:

Publicar un comentario